¿Y si lo que me han enseñado en la Universidad me convierte en un peón más del sistema, merecería la pena?
¿Y si lo que me han enseñado en la Universidad no me permite realizar un análisis certero de lo que está pasando actualmente en la economía, merecería la pena?
¿Y si lo que me han enseñado en la Universidad es pura obsolescencia, modelos anticuados, para un mundo moderno, o post moderno, que hace que las medidas para los problemas conocidos sean inútiles, merecería la pena?
¿Y si lo que me han enseñado en la Universidad persigue un mantenimiento del mundo tal y como lo conocemos, en que el rico se hace más rico, y el pobre más pobre, merecería la pena?
¿Y si lo que me han enseñado en la Universidad me ha hecho un bufón de este enorme circo en que se ha convertido la economía como ciencia social, merecería la pena?
Esto, y más, en este fantástico artículo / reflexión que yo también suscribo, de Juan Laborda.
Porque si algo ha quedado claro después de esta crisis tan profunda (que ni en los años 30 del s.XX, que dio el keynesianismo como método para salir del atolladero en que se encontraban EE.UU, Inglaterra y media Europa..., se llegó a estos límites) es que las respuestas propuestas tras años y años de AUSTERICIDIO son un absoluto fracaso. Lo mires por donde lo mires.
Se gobierna para la élite, y no por ni para el pueblo, como bien dijo en su día Abraham Lincoln. Esa idea ha quedado ya como un espejismo irrealizable. Son tal los intereses cruzados entre un Poder financiero que abarca todos los aspectos importantes (obras públicas, financiación encubierta de Partidos Políticos, etc) y el Poder Político que se ha dejado meter mano hasta por debajo de la falda sin decoro alguno, que las esperanzas están en mínimos por no decir que ahora mismo es lo más lejano que en el panorama político y social podamos imaginarnos.
Hoy hablamos de que el rico se está haciendo más rico, y el pobre más pobre. Esa es la lección que sacamos de estos años de crisis social, financiera, política y de valores de estas sociedades nacidas de la 2ª Guerra Mundial con un mensaje de progreso social y de que teníamos que ir en bloque, que teníamos que crecer juntos, unidos.
Hoy me decía mi padre que estamos en un momento en que la situación para el más débil, para el pobre, es tal, que no se sabe si saldrá de esta; que hasta ahora, en diversas crisis que habíamos padecido, siempre se iba sobreviviendo, saliendo como se podía..., pero ahora mismo nos encontramos con que el pobre no encuentra el camino para salir adelante.
Y el problema viene cuando cunde la desesperación en el alma de la gente. Cuando no se sabe qué hacer, cuando no hay un objetivo, ni medios para conseguirlo. Cuando ya no hay mañana, porque el presente está muerto, rehén de las decisiones del otro (el que ostenta el Poder), del que nos ha llevado a esta historia. ¿No les parece kafkiano? ¿Aquí nadie responde de nada? ¿Nadie tiene culpa de la situación a la que hemos llegado? ¿Nadie responde de nada? ¿Dónde empiezan y terminan las responsabilidades, porque yo sí tengo en mi trabajo responsabilidades por las que si no lo hago bien, me exigen responsabilidades? ¿Dónde está el pacto con el bien común?
Vivimos una impostura. Nos han descrito la crisis fundamentalmente como un problema de deuda de los Estados; mejor, de los ciudadanos, también, que habíamos gastado por encima de nuestras posibilidades (¿les suena?).
Pero esta crisis, que no se nos olvide, fue creada por el sistema financiero. Nació de un mecanismo perverso que más o menos decía que dejáramos en manos del sistema financiero y de una minoría que conseguía suculentos sueldos los destinos de una nación: ¿Se acuerdan ya de las hipotecas ninja o de Lethman Brothers, del que nuestro actual ministro de Economía era el responsable en España cuando estalló la crisis? Vayan a sus ordenadores y tecleen en Google, en cualquier buscador. El pasado es un algodón que no engaña.
¿Se dan cuenta del plan en el que estamos inmersos que ya DA IGUAL TODO, que todo está escrito y teledirigido?.
Nos están engañando. Y nos estamos dejando engañar.
Nos están metiendo la mano. Y dejamos que nos manoseen.
¿Hasta cuándo?.
¿Formo yo parte de esta mentira? ¿Formo parte de esta mentira desde la Universidad, donde me enseñaron, quizás, lo que quisieron?
¿Tengo yo responsabilidad? ¿Hasta dónde mi responsabilidad?
Cada día tengo más dudas.
Creo que era el genio del escritor y economista / humanista Juan Luis Sampedro el que afirmó algo así como que había dos clases de economistas: los que hacen políticas para que los ricos sean más ricos, y los que hacen políticas para que los pobres sean menos pobres.
Ya está. Si es muy sencillo... Elijan.
Sean buenos.