Aún recuerdo cuando fui a los cines Van Dyck de Salamanca a ver esta película. Iba con los amigos y la novia de uno de ellos. Año 1999.
Aunque me acuerdo que no entusiasmó a mi pandilla, y tampoco encandiló a la crítica, la historia de este boxeador, injustamente encarcelado durante dos décadas por el asesinato de tres personas en un bar / restaurante en un juicio en el que había sospechas desde el inicio de pruebas falsificadas y con un jurado totalmente integrado por hombres blancos (y esto en los EE.UU de aquella época era motivo para salir indemne o pudrirte en la cárcel), a mí me llegó hasta el alma.
Con una interpretación poderosa, como todas las de este gran actor, Denzel Washington nos acerca la angustia y la rabia de este buen hombre.
Tan sólo eso. Un buen hombre que perdió sus mejores años en medio de una celda minúscula, con un odio racial por ser simplemente bueno. Una buena persona y un excelente boxeador.
Bob Dylan le parió una canción para la eternidad, toda una denuncia social (la canción es un arma, que bien cargada, hace daño y despierta conciencias). Una canción de rabia. Merece la pena acordarse hoy de ella con la noticia del fallecimiento del boxeador por un cáncer de próstata.
Here comes the story of the Hurricane,
The man the authorities came to blame
For somethin' that he never done.
Put in a prison cell, but one time he could-a been
The champion of the world.
En 1999 se lleva a la gran pantalla esta historia. No era para menos. La historia de un hombre bueno en el boxeo, salvado por unas buenas personas. La historia perfecta para Hollywood, que de esto sabe un poco.
Sean buenos.

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