En mi caso, el viaje a Praga entre los días 25 de marzo y el 2 de Abril del 2014 no iba a ser menos. Duermes menos los últimos días, renovar el pasaporte, la tarjeta sanitaria europea..., y es que nunca falta algo de hacer.
Bien, situémonos. Vacaciones. Lunes 24 de Marzo. Ya lo tenemos todo preparado. Miento. Hasta por la noche no lo tenemos todo preparado, jeje.
La noche siempre antes de unas vacaciones duermes fatal, no se descansa nada, o al menos como un día normal. Estas tumbado en la cama y no haces más que pensar en qué te vas a encontrar al día siguiente. Expectativas, expectativas.
El martes 25 salía el vuelo a las 11:50 del recientemente llamado Aeropuerto Madrid-Barajas "Adolfo Suárez". Salimos de casa a las 9:45h. Desde casa al aeropuerto en autobús, y conexión vía metro hasta el Aeropuerto. Terminal 2.
Poca gente, para lo que es Barajas. Llegamos a facturación y en pocos minutos facturamos. Se nota que la gente de Lufthansa está bien entrenada, ya empezamos a notar que esta gente trabaja bien. Se ve, se palpa.
Después de pasar el control de seguridad y visitar alguna tienda antes de embarcar, pasamos al avión.
Aquí lo tienen.
Viajamos haciendo escala en Düsseldorf, donde paramos apenas 40 minutos, lo que es un tiempo rapidísimo, teniendo en cuenta que llegas a un aeropuerto relativamente pequeño, con poca gente en el avión (esto es importante, porque admitámoslo, cuando dudas, sigues a la gente; si hay poca gente, pues tenemos un problema).
Bien, como digo, pese a las dudas y los nervios y que todo era como muy rápido, cogimos el enlace sin problemas y salió el nuevo avión, uno exactamente igual con destino a Praga.
La llegada al aeropuerto de Praga se produjo sin ningún problema. Una vez ya con la maleta grande en nuestro poder, a esperar el autobús que enlaza con el metro, con destino a Mùstek, parada de metro más cercana a nuestro hotel: THALIA EUROSTAR.
El aeropuerto estaba semi vacío y me pareció muy pequeño. Apenas divisamos taxis, aunque los autobuses llegaban con bastante rapidez con destino a la ciudad. El autobús en el que montamos, a los 5 minutos de esperar, no es que fuera de Cuéntame, no. De más atrás. No son cómodos, pero te llevan.
Rápidamente te das cuenta, por las carreteras que atraviesas, que no te encuentras en un país, digamos así, de primer nivel en cuanto a infraestructuras. El autobús tarda unos 25 min. en dejarnos en una avenida gigantesca llena de obras de cabo a rabo para coger el metro de la línea A. Primer problema. No hay escaleras mecánicas. Será un problema que encontraremos más veces a lo largo del viaje. Salvo las estaciones más turísticas o céntricas, se podría decir, el resto del metro no es nada moderno ni está preparado a lo que estamos acostumbrados aquí. Eso sí, hay que decir que es muy rápido.
Cuando llegamos a Mústek, salimos por la plaza Wesceslao, pero por la parte alta, y hasta que te sitúas, te das cuenta del error. No hemos salido por la más cercana en dirección del hotel, pero eso nos permite ver la inmensa avenida-plaza y nos deja estupefactos. La cara que se te queda, la sonrisilla que se vislumbra en tu cara, cuando ves esos edificios, esa fisonomía tan peculiar y única de Praga, te das cuenta que no hay nada de lo que preocuparse, que el viaje será todo un éxito.
Pero, pero, pero. Pero el suelo. Suelo empedrado. Irregular, nada plano. Maletas. Seguiremos más adelante con esto del suelo otro día.
Otra diferencia. Estamos hablando que llegamos al aeropuerto sobre las 5. Eran las 6:20 aproximadamente cuando salíamos de la parada de metro con destino el hotel y ya empezaba a anochecer. Aproximadamente una hora antes que en Madrid. Una hora. Estamos muy al Este, of course.
Del metro al hotel, una vez que encarrilamos correctamente, unos 10-15 minutos con la maleta.
Cuando llegamos al hotel, un edificio reformado, la sensación de felicidad es plena. Solo ya ese paseo nos está encantando. La calle, el aspecto viejo y bohemio de los edificios.... Todo.
El hotel es como nos lo esperábamos por las fotos de Booking.com Además tuvimos la suerte de, tal y como avisaban otros viajeros, de tener el recepcionista en español. Se llamaba Sergio, y pese a la juventud del chico, era muy serio y correcto. Debía de estar allí trabajando. Uno más de esos emigrantes jóvenes españoles para los que nuestro Gobierno actual no emigran. En fin.
Volvamos. Habitación amplia, de 26 m2, con un amplio ventanal a la calle perpendicular a la entrada principal. Bien, mejor. Nos damos cuenta que la avenida por donde tiene la entrada principal es de bastante tránsito, con los tranvías y además el hotel está en zona de marcha, que en Praga no es decir poco. Bien. La cama enorme, y un baño no excesivamente grande, pero cómodo, hacen que estemos contentos con la elección de este hotel.
Para mí no es un 5 estrellas, si no más bien un 4 estrellas, pero bueno, lo dejamos así.
Nada más.
Dejamos las maletas, conectamos los aparatos electrónicos y a dar una vuelta, a situarnos, a ubicarnos, a sentir la ciudad. Llegamos al río, vemos el castillo de Praga desde lejos, una horita de paseo y vuelta al hotel. Así:
Y así se termina el primer día, descansando en el hotel. Había que coger fuerzas, que al día siguiente, íbamos a caminar..., y caminar.
Sean buenos.


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