sábado, 19 de abril de 2014

PRAGA. DÍA 3





(Aquí el día 1, y el día 2)


Seguimos con nuestro recorrido por la bohemia Praga. Praga es una ciudad para andar, para deleitarse con su gente, sus colores, sus bares, restaurantes...; a mí me gustaba especialmente las calles aledañas a la iglesia de Tyn, desde el Ayuntamiento de la ciudad, rebosantes de ruido, con esa fisonomía tan particular (esas calles retorcidas, empedradas, con el firme irregular, con esas fachadas tan peculiares, bonitas,...). Por momentos, yo no quería entrar en ningún sitio, ni ver ningún monumento por dentro; tan sólo quería empaparme de Praga andando por sus calles.

El día 27, jueves, fue un día que organizamos de la siguiente manera:

- Castillo de Praga, que incluye Catedral de San Vito, antiguo Palacio Real, basílica de San Jorge, callejón del Oro y Darliborka.

Algunos dirán que es poco. Ei, ei, ei. Tranquilidad. Al que suscribe estas opiniones le gusta sentir la ciudad, palparla. No quiero ir en grupos, principalmente, porque van como locos de un lado para otro y creo que no se enteran de muchas cosas. Para mí, por ejemplo, una de las cosas que más me gusta es hacer una parada siempre a media mañana y luego a las 4 o 5 (y con los grupos, pues creo que no se puede hacer). Y me gusta por varios motivos:

1) Me gusta ver los bares / tabernas de las ciudades / países que visito. París, Berlín, Budapest, Londres, Amsterdam, Bruselas, Roma, etc... de todos ellos, en cada uno, tengo recuerdos fantásticos sobre estos sitios que forman parte también del sentir popular de cada país. Así, habría un ranking liderado por Praga, Bruselas (Bélgica en su conjunto), Paris, Berlín, Londres, Budapest... etc; en la cola, Italia. No tengo grandes recuerdos de estar en buenos locales tomándote una cerveza rica en el norte de Italia, que es lo que fundamentalmente conozco. No dudo que no los haya. Pero yo me refiero a estar, y ver paseando, locales espectaculares donde bebes una cerveza y a la vez sientes que estás en un lugar especial por la decoración del mismo.

Merece un aparte Lisboa y Oporto porque aquí siempre he ido buscando un café y un pastel típico de la gastronomía portuguesa.

2) Me gusta la cerveza.

3) Quiero descubrir las cervezas en esos países. Qué cervezas sirven en los lugares donde me encuentro.

4) Es un buen momento para reponer fuerzas y asimilar lo que uno está viendo: ver fotos que se han hecho, folletos, seguir programando el día...

5) Si hace bueno, y te puedes sentar en una terraza, me encanta ver a la gente del lugar. Simplemente ver a la gente. Observar.

Vamos a empezar.

Mapa de lo que hicimos.



A primera hora teníamos previsto ir por el puente que está al lado de nuestro hotel (Most Legii) y subir por el funicular de Praga, para posteriormente, adentrarnos por Malá Strana hasta el Castillo de Praga y dependencias. Sorpresa. Estaba cerrado. Nos llevamos un chasco grande. Vamos a verlo.


Detalle del puente Most Legii.


Vistas desde el punte Most Legii.


Muralla de Praga desde el puente de Most Legii.


Tranvía línea 22. Uno de los que te lleva al Castillo de Praga.


Detalle de fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Aquí se encuentra el niño Jesús de Praga, que se cree que fue esculpido en España en el siglo XVI.


Mapa del barrio donde estamos. Estamos justo al pie de Malá Strana.


Arriba de la colina, los americanos.


Vías del funicular. Lamentablemente, nos lo encontramos cerrado.


Almendros en flor.





Al lado de la Iglesia de San Nicolás.

Aquí ya tomamos rumbo al Castillo de Praga, y por primera vez cogimos el tranvía. Cogimos el 20. El 22 también, creo recordar, te llevaba. Si tienes fortuna puedes coger uno de esos que parecen de la época de Cuéntame, aunque llevarte, te llevan. Son totalmente retro, pero tienen su encanto.


Foso del Castillo de Praga.


Guardia en una de las puertas de acceso del Castillo de Praga.











El Monasterio de Strahov, al fondo.





¡Qué bien sonaba ese cuarteto! Y ahora vamos a ver el cambio de guardia, programado para las 12h. Una multitud se agolpaba a la entrada del Palacio.



















Cuando se ven, parecen muy fáciles, pero la de golpes y dificultades que entrañan este tipo de fotos cuando una multitud se hace hueco para encontrar el mejor sitio desde disparar sus cámaras...




Y pasamos ya del desfile del cambio de guardia, y nos adentramos dentro...




La primera sensación, una vez estás en el patio interior, ¡ES QUE NO ESTÁS EN UN CASTILLO!!!


Detalle de las galerías del Castillo de Praga.


Fachada principal de la Catedral de San Vito.


Y entras..., y te encuentras con estas increíbles vidrieras. Todo un impacto visual, de colores, de reflejos, de luz.



Eje central de la catedral.


Espectacular.


Roseta principal de la Catedral, de la fachada principal.





























Había que ir leyendo.., para enterarse de la historia.


El órgano.



Qué más podemos decir si no que la catedral es impresionante!




Qué juego de luces y sombras!.




Detalle de un saliente en la catedral de San Vito.



Segundo patio al que se accede tras la visita a la Catedral de San Vito. Aquí se observa toda la fachada horizontal derecha de la catedral. Es un lugar perfecto para sentarse y observar la grandeza de su arquitectura.


Relieve en la fachada lateral derecho de la Catedral de San Vito.


 Ventanal de la Catedral de San Vito.


Reloj..., no marques las horas...


Detalle de la torre de la Catedral de San Vito.


Contrafuertes de la Catedral de San Vito.


Acceso al Antiguo Palacio Real.


Salón el antiguo Palacio Real. Descomunal de grande.


Curvaturas en los arcos que forman la estructura del palacio.


Vistas de Praga desde el Antiguo Palacio Real.



Detalle de los arcos que forman la techura de una zona del antiguo Palacio Real.



Espectacular la curvatura desde la que se original los arcos del gran salón del antiguo Palacio Real.


Bandera.


Emblema de la Casa Real.



El juego de arcos es digno de estudio.


No podía faltar una boda siempre en un viaje.


Basílica de San Jorge.


Cúpula dentro de la basílica de San Jorge.



Dentro se da uno cuenta de cómo se construía antes...


Detalle por la parte de atrás de la Catedral de San Vito.


Y nos enfilamos ya al Callejón del Oro, con casas minúsculas  y de colores y que dice la leyenda que allí trabajaban los alquimistas para el emperador Rodolfo II.




En una de las casas se accede a un museo, o muestra, de armas y armaduras medievales.





Como se puede ver, hoy día no es que sean muy habitables estas casas. Al menos para uno...



Esta casa sí merece la pena que nos paremos. En ella residió Franz Kafka, y escribió allí alguna de sus mejores obras.




Parece que estamos en el poblado de los Pitufos.





Interior de una de las casas del Callejón del Oro.


Interior de una de las casas del Callejón del Oro.






Y de repente nos topamos con una escuela / museo de cine.


Hay que fijarse en los pequeños detalles: los carteles de cine...




Ya salimos. Pero antes pasamos por la torre de Daliborka. Cárcel hasta el s. XVIII, recibe su nombre de un joven rebelde (Dalibor) condenado a muerte por socorrer a unos siervos.


Desde la torre Daliborka podemos tener una de las vistas más bonitas de Praga.











Ya bajamos de Malá Strana, y regresamos a darnos una vuelta por el casco antiguo de Praga. Pasear... pasear..., pasear... Estamos cansados, pero no nos olvidamos de volver a sentir el influjo de Praga. Su encanto. Las calles...


Momento mágico...






Momento de ver tiendas, pasear y conocer aquella calle que se esconde..., y volvemos al hotel cerca de las siete. Un día muy muy largo, y con los pies que siguen quejándose. 

Descanso, ducha y ...a la Ópera de Praga.

Y es que me habían dado una sorpresa....: La Traviata, de Giuseppe Verdi. 




Sólo diré que me gustó mucho más la Ópera de Budapest, aunque como siempre que se acude a un espectáculo de este calibre, lo mejor es oír, ver, y callar...

Y a veces, cerrar los ojos, mover la mano, dirigir, sentir la música hasta lo más profundo de ti...

Al día siguiente, Pilsen.

Sean buenos.

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